viernes, 26 de julio de 2013

¿QUÉ PASÓ CON LOS MICROS?

Bueno, queridos lectores, una vez finalizada la fecha de entrega de microrrelatos, tengo que admitir que la cosa no ha ido como esperaba. Había imaginado yo mi correo colapsado por la imaginación de cientos de escritores, pero se ve que la faceta lectora es mucho más intensa que la creativa. En fin, que solamente tres valientes se han atrevido a mandar sus creaciones a este recién inaugurado concurso.
Le he dado vueltas a la cosa y he pensado que quizá el verano no es buen momento para pedir excesos, que el calor aplatana, de todos es sabido, y da mucha pereza dejar la placidez del dolce far niente. No os juzgo, a mí me pasa lo mismo. Puede ser también que el premio no sea un suculento cheque de unos miles de euros. También comparto yo esa decisión de no participar sino hay pasta de por medio (lo admito). Bueno, sea como sea, el resultado no ha sido tan bueno como esperaba (¡qué británica me pongo a veces!) y, en algún momento de flaqueza, he pensado en rendirme. Sin embargo, al final, mi amiga Patricia me ha convencido: voy a darme una segunda oportunidad. A partir del lunes que viene, es decir, del 29 de Julio, colgaré otra frasecilla y esperaré paciente vuestras aportaciones. 
Y ahora quiero felicitar a los tres escritores que me han alegrado tres días diferentes de mi vida al recibir sus microrrelatos  Por supuesto, recibiréis el premio prometido. Y además, los cuatro textos (uno de los participantes envió dos) me han encantado. Si hubiera tenido que decidirme por alguno me habría resultado difícil. Y si no me creéis, ahí van sus obras:


La fila de brazos derechos giró en arco hacia atrás, después vinieron los izquierdos. Las costillas estaban abiertas pero allí no había corazón que diera sentido al movimiento. Estaba tan vacío que sólo tenía recuerdos entre sus entrañas.
Nacho Sánchez


La mesa blanca 

La fila de brazos derechos giró en arco hacia atrás, en busca de las bocas que a sus espaldas gritaban y vomitaban palabras tormentosas. Una de ellas, la mas pequeña, logró esquivar el derechazo malintencionado y huyó corriendo por pasillos interminables hacia el rincón oscuro de una extraña habitación. Un ser excepcional de ojos grandes la esperaba con los brazos abiertos. Sin cruzar una sola palabra y mirándose intensamente, abrazaron sus almas hasta el desmayo sobre una mesa blanca.
Pilar

Tambores   

La fila de brazos derechos giró en arco hacia atrás, dejando al descubierto el escenario donde la bailarina de ropas raídas y decoloradas danzaba hasta la extenuación. Se oyó un tremendo suspiro y entre el público apareció un bailarín famélico y esmirriado, que por mas que trataba de acompasar su emociones a las de su pareja, no lo conseguía. Mientras los tambores y timbales enmudecían, vio como se la llevaban tiritando y envuelta en un sudor frío. Jamás volvió a saber de ella. 


Pilar 


La fila de brazos derechos giró en arco hacia atrás. Nunca, desde entonces, había vuelto a meterse en una piscina. Le prometieron que tirarían todas aquellas cintas. Y ahora, su hija acababa de descubrirlas en la vieja casa del pueblo. Mamá, ¿por qué nunca nos dijiste que participaste en unos juegos olímpicos?. Tuvo que salir al patio, aquel olor a loción de afeitar que había conseguido arrinconar en la esquina más olvidada de su cerebro no le dejaba respirar.

Jesús